DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

El maestro se confiesa

Nota publicada en la revista Pintando el Sur (enero 1996)

En 1855, Domingo Faustino Sarmiento conoció el delta del Paraná. Descubrió un paraíso primitivo y cautivante, y se enamoró de él apasionadamente, según su temperamento. Al poco tiempo levantó allí una pequeña casa de descanso, y para recibir a sus invitados colocó a la entrada un cartel que decía “Welcome to the shade”. Esto es, dicho en criollo, “bienvenido a la sombra”. Seguramente, la inmensa mayoría de los invitados del ilustre sanjuanino hablaban el castellano, es decir en el idioma del país. ¿Por qué entonces escribir la leyenda en otro idioma? Estamos tentados de contestar: “por esnobismo culturoso”. En este sentido, Don Domingo es un calificado precursor de esos badulaques que ponen en inglés el nombre de sus negocios, las marcas de sus productos, etc.

Pero hay más. Durante su larga estadía en Chile, Sarmiento trabajó un tiempo en El Progreso, el diario de Manuel Montt, político conservador, autoritario y expansionista, después presidente de su país. En ese diario, en 1842, defiende Sarmiento los intereses chilenos en el sur y el establecimiento de una colonia en el Estrecho de Magallanes, contra los intereses argentinos. Muchos años después –en una defensa que no lo honra- se justifica diciendo que aquellos artículos no llevaban su firma, aunque los reconoce como propios. Pero si los artículos de 1842 eran anónimos, los que escribe en 1849 en La Crónica, también de Chile, llevan su firma y repiten los argumentos antiargentinos, llegando a sostener el derecho de Chile a toda la Patagonia. El hombre es consecuente: tiempo más tarde, cuando es senador argentino, vota favorablemente un pedido chileno para que se someta a arbitraje internacional nada menos que toda la Patagonia, el Estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego. Pero la mayoría del Senado lo rechaza. Siempre, en las actitudes y en los escritos, en las cartas públicas y privadas, Sarmiento está contra la Argentina y a  favor de Chile en la cuestión del sur. Pero sus panegiristas llámese Rojas o Lugones o Martínez Estrada u otros de menor fama, engañan a los argentinos ocultando aquella información. Los artículos de El Progreso, por ejemplo, no fueron recogidos en sus Obras Completas.

Pero si el lector quiere conocer mejor al personaje, aquí tiene otras opiniones: “Seamos francos; su invasión es útil a la civilización y al progreso”, escribe en El Progreso, de Chile, refiriéndose a la ocupación inglesa de las Malvinas. “Con emigrados de California se formará en el Chaco una colonia norteamericana; puede ser el origen de un territorio y un día de un estado yanqui. Si conservan su tipo, cuidaré que conserven su lengua”, escribió en una carta a su amiga de los Estados  Unidos la señora de Horacio Mann, a cuyo hijo ofreció el rectorado de una universidad yanqui que se crearía en San Juan.

“No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”, le escribe a Mitre en 1862. “Nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror que hemos empleado hábilmente… Establecimos en varias partes depósitos de armas y municiones, pusimos en cada parroquia cantones con gente armada y municiones, encarcelamos como a unos 20 extranjeros complicados en una supuesta conspiración, alguna banda de soldados armados recorrían de noche las calles de la ciudad acuchillando… Fue tal el terror que sembramos entre la gente, con estos y otros medios, que el día 29 triunfamos sin oposición…”; así le escribe a su pariente Domingo de Oro en 1857, informándole sobre las elecciones porteñas del 29 de marzo de ese año. Todo comentario sobra. La pluma Don Domingo habla por sí sola.

No nos extrañará, pues, que este hombre denigre sistemáticamente a los indios, los criollos, los mestizos, los españoles, los católicos… Es decir, lo que eran en realidad los argentinos. Pero también desprecia a los italianos, los judíos, los árabes…

Es imperialista, racista, reaccionario, autoritario y, por sobre todo, conmovedoramente ignorante. “Un analfabeto con lecturas”, lo calificó alguien con acierto. No podemos dejar de sacar las conclusiones necesarias. Si uno de los principales modelos escolares, o sea, un modelo para la formación de ciudadanos, es notable traidor a la Patria, enemigo de la argentinidad, servidor lacayuno del imperialismo ¿Por qué ha de asombrarnos que nuestras clases dirigentes sean como son?

Foto: Domingo Faustino Sarmiento, retratado por su nieta Eugenia Belín. Museo Histórico Sarmiento, Buenos Aires.

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