EXPLOTACIÓN SOCIAL Y CAPITALISMO

En una proclama de los trabajadores, leemos lo siguiente: “Nuestra situación tiende a ser cada día más grave. Si antes nuestros salarios nos permitían llenar tranquilamente nuestras necesidades, en cambio hoy, todos sabéis que apenas ganamos para comer”. Cualquier organización sindical podría suscribir, en este momento y con pleno derecho, ese texto. Pero lo hizo la Federación Obrera Argentina en octubre de 1895. ¡Hace un siglo!

Aquel clamor vuelve a ser perfectamente actual, lo que demuestra, contra el discurso tramposo de las clases poseyentes, que la explotación social no es una circunstancia transitoria en la aplicación de la política neoliberal, sino, por el contrario, una necesidad imperiosa para que el capitalismo monopólico conserve su dominio. La política del capitalismo no lleva a los pueblos a un futuro promisorio: los hace retroceder hacia un pasado que la ingenuidad política de las masas creía superado. Para muestra, basta ver lo que sucede en nuestro país, que marcha a la vanguardia de la regresión social con la anulación de todas las conquistas obreras de los últimos cien años.

La abolición lisa y llana de la justicia social, cuya conquista demandó grandes sacrificios a nuestro pueblo, se hace bajo la denominación engañosa de flexibilidad laboral. ¿Para qué se aplica la flexibilización? Para combatir la desocupación, generando nuevos puestos de trabajo. ¿Por qué hay desocupación? Porque el avance tecnológico libera mano de obra. He aquí un ejemplo magistral del escamoteo intelectual propio de la retórica capitalista y neoliberal. La desocupación no tiene su origen en el avance tecnológico, sino en la usurpación por parte de una minoría monopólica –generalmente– de los beneficios de ese progreso, que pertenece legítimamente a toda la humanidad.

Y es que lo primero que el poder desnaturaliza es el lenguaje. Mediante un razonamiento perverso, en vez de partir de datos objetivos para llegar a conclusiones, parte de unas conclusiones determinadas por sus intereses y construye un simulacro de razonamiento para llegar a datos falseados. Es así como el neoliberalismo descalifica al estado en su discurso, mientras se apodera de él y controla a toda la sociedad mediante el poder oficial, ya que no se puede ser capitalista contra el estado o sin él. Es así como el capitalismo dice defender la economía de mercado, a la vez que en la práctica lo distorsiona mediante su juego sucio y lo presiona desde el dominio del estado. Pero, además, está otro factor sin el cual jamás podrán entenderse correctamente nuestros problemas económicos y sociales, pero que, curiosamente, no es mencionado por los políticos, sindicalistas, economistas y periodistas al uso: el imperialismo. Porque el capitalismo siempre va de la mano del colonialismo. Así que no puede analizarse la cuestión del trabajo sin tener en cuenta esa relación entre países dominantes y países dominados. El tema es susceptible de numerosos análisis. En este número, encontrarán ustedes algunos aportes para reflexionar sobre esta cuestión candente con sentido crítico y honestidad intelectual.

Fuente: Editorial revista Cuadernos para la Emancipación N° 10 – Setiembre 1996.

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